domingo, 16 de diciembre de 2007

ILUSIONES ROTAS






Ese día era el más especial para ella, por fin después de meses preparándolo todo había llegado el momento que tanto esperaba, días agotadores ultimando los últimos preparativos, preparando los trajes, el catering, todo, no podía haber ningún fallo.
Y allí estaba ella, entrando en la iglesia del brazo de su padre, se dirigía hacia el altar donde le esperaba la felicidad, el hombre al que había amado desde que tenia trece años. Cuando el padre entregó a su hija al que sería su yerno, no pudo evitar tener un mal presentimiento, como si algo fuera a salir mal. La boda fue perfecta y la gente se lo pasó en grande bebiendo y riéndose, y la novia estaba encantada: su sueño desde que era niña se había hecho realidad.

Los primeros meses de matrimonio fueron como un cuento de hadas. Su marido no paraba de darle regalos y de tratarla como una reina, y ella se sentía la mujer más querida del mundo.
Al año llegó el primer hijo, un niño grande y regordete al que llamaron David y fue entonces cuando llegaron los problemas. Su marido le decía que ya no le prestaba la misma atención que antes, que solo estaba pendiente del niño.
-Solo estas por él - le repetía una y mil veces- Cuidándolo y mimándolo demasiado.
-Es solamente un bebe - le decía ella cansada de escuchar la misma canción todos los días - Me necesita, ¿es que no lo entiendes?
-Al parecer yo ya no hago falta en esta familia, ya no me necesitas para nada - le solía gritar el marido furioso.
Esta situación se repitió durante unos años, hasta que un día llegó el primer golpe. Tuvieron una discusión tonta y el marido se enfureció hasta límites insospechados, lo que provocó que la golpeara en la cara. Ella se llevó la mano a la cara magullada y lo miró horrorizada, él se dio cuenta de lo que había hecho y le pidió una y otra vez perdón.
Estuvieron durante varios días sin hablarse, intentaban verse lo menos posible, dormían separados y un día él la fue a buscar al trabajo con un ramo de flores.
-Te juro por mi vida que esto nunca volverá a pasar, perdóname por favor. Yo sin ti no soy nada - le dijo él. Y ella lo creyó. Durante un periodo de tiempo él volvió a ser el hombre atento que había sido al principio de casarse y ella volvió a sentirse la mujer más querida del mundo.
Meses después él le dijo que si lo podría acompañar a una fiesta que daba un colega de su trabajo, sería importante para su carrera. Allí estaría uno de los directivos más importantes de la empresa en la que trabajaba.
Ella estaba radiante con su vestido negro de alta costura, se lo había prestado una amiga ya que ella no podía permitirse el lujo de gastarse tanto dinero en un vestido; él iba vestido con un simple esmoquin que había tenido que alquilar.Llegaron a la fiesta cogidos del brazo. Él le presentó a varios compañeros de trabajo y se quedaron allí hasta bien entrada la madrugada. Cuando llegaron a casa él la miró con cara de desprecio y le dijo:
-Te has maquillado demasiado y ese vestido que llevas es demasiado escotado.
Ella ya sabía, con la forma en la que la miraba, que tenía razón, que todo lo que él decía era lo correcto. Se sintió la mujer más desgraciada del mundo. Empezó a mirarse y sintió asco de si misma, se sentía inferior a todos los demás.
-Además tendrías que darte cuenta de cómo te miraba todo el mundo, pareces una puta - le escupió.
Ella empezó a llorar sin control y él al oír el llanto se encolerizó aún más y terminó dándole una gran paliza. La tuvo que llevar al hospital y mintió a los médicos diciéndoles que se había caído por las escaleras.

Él le volvió a pedir perdón y ella lo perdonó, y así una y otra vez, hasta que un día la historia llegó a su fin de una forma de trágica. Esa primavera las periódicos llevaban la siguiente noticia “Mujer asesinada a manos de su marido” y le seguía un artículo explicando las causas de la muerte.

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